LA CAPTIVE de Chantal Akerman
La mirada secuestrada
¿Es la cámara un falo
simbólico?
Chantal
Akerman, hija de padres judíos represaliados por el nazismo, nació
en Bruselas, pero reside desde hace tiempo en París donde ha ambientado
algunos de sus trabajos más interesantes. Como Téchiné esta belga de corazón
errabundo y alma feminista es una de las secuelas más perturbadoras y
productivas de la “nouvelle vague”, una directora que se enamoró del cine
viendo a Godard, pero que ha centrado su obra en el cuerpo, la sexualidad, las
relaciones de pareja y la consideración de lo fílmico como prisión de la
condición femenina. Akerman parece obsesionada por las arterias de la ciudad,
por los espacios cerrados, por las paredes desnudas en las que las mujeres
tratan de dar sentido a sus vidas, de escapar a los prejuicios heredados
y a las construcciones de su cultura…Su obra comienza dentro del cine
experimental y de vanguardia, pero se ha dado a conocer gracias a obras
aparentemente destinadas a un publico más amplio aunque igualmente
descarnadas, irónicas y destructivas en su visión de las relaciones humanas.
Historias de amor, sexo y desamor, de inclusión-reclusión femenina están
presentes desde sus primeros cortos hasta sus últimos largometrajes.
También en el mar y en el agua, con un grupo de muchachas
en flor bañándose despreocupadamente, comienza el que resulta
ser uno de los filmes franceses más extraños de los últimos tiempos: “La
captive”, rodado por la directora en 1999. Y en un mar oscuro y devorador
concluye esta inquietante fábula ¿moral? El voyeur es un varón de noble cuna
que desde su posición activa/pasiva/agresiva nos hace pensar en Hitchcock
y también en el peeping tom de Michael Powell, intentando apresar esa
forma femenina, matando lo que ama, O “El coleccionista” de William
Wyler que con su alma de entomólogo y su personalidad psicótica secuestra a una
joven para que se enamore de él El síndrome de Estocolmo, La campana, el
silencio, la opera, el encierro, la mirada masculina y el silencio de las
mujeres viendo cine hecho por una industria masculina. Una reflexión
femenina y hasta cierto punto feminista sobre el cine como aparato fílmico, que
originariamente se construye para el disfrute escopofílico del varón y del
varón heterosexual, inquieto por la libertad de una mujer y por su capacidad de
mirar a otras mujeres. Las imágenes del comienzo, con la joven jugando
en la playa junto a otras jóvenes, están rodadas por un mirón que, a la
manera del Scottie en “Vértigo” (De entre los muertos) de
Hitchcock la persigue con paciencia, en coche y a pie, por
las calles de París… El protagonista vigila meticulosamente el trayecto
exterior de una joven a la que, como luego descubriremos, mantiene cautiva en
un lujoso palacete parisino. De nuevo la mujer en la cama. Simon (Stanislas
Merhar), sospecha que su idolatrada Ariane (Sylvie Testud) -una joven que,
misteriosamente, se deja custodiar en esa alcoba en la que es una bella
durmiente y una muerta viviente- se siente atraída por otras mujeres.
Esta mujer supone para él un misterio y quiere tenerla controlada las
veinticuatro horas del día. Una jaula de oro que también puede ser la “campana
de cristal” de Sylvia Plath, la casa de la colina de las hermanas Bronte, las
casas de “Sospecha” o “Encadenados” de Hitchcock o el palacio
de lujo y falsedad de “La prisionera” de Marcel Proust. Nunca la
ansiada “habitación propia” de V. Woolf ni el taller de poesía de
Adrienne Rich y sus monstruos con forma de mujer , la reivindicación atraviesa
la búsqueda de formas de contar poco convencionales aun a costa de
alejarse del gran público y dar la espalda a los mecanismos convencionales de
la narración.
Akerman ha sido una de las
directoras más reivindicadas no sólo por la crítica feminista, de la que ella
también forma parte como ensayista y teórica, sino también por una franja
de la crítica especializada que ha seguido su titubeante, desigual, y
prácticamente desconocida ente nosotros, trayectoria fílmica. Nunca ha
resultado una realizadora al uso, y su cine, sobre todo en sus
primeros trabajos, se plantea como cine de combate desde un aparato, el
fílmico, que viene históricamente determinado por la preeminencia del varón y
su forma de concebir y limitar el mundo
Aspectos
como la reclusión femenina y su relación con los objetos, los muebles y el espacio
ya habían sido tratados por la autora en algunos de sus filmes como en la
cinta experimental “Je tu il, elle” (rodada en 1974 y
destinada, sobre todo, a las salas de arte y ensayo y posteriormente a
los festivales de culto de cine lésbico experimental ) o en la más lúdica y
accesible, pero no menos perversa, “Nuit et jour”, y
aquí se insertan en una narración que avanza con inquietante languidez.
Teóricas feministas del cine como Annette Kuhn han querido ver en algunos de
los trabajos de Akerman una reinvención-deconstrucción del concepto tradicional
del placer fílmico partiendo de romper con premisas narrativas tan
básicas como la sutura o el plano/ contraplano al insertar largos planos
secuencia de mujeres en actividades y rutinas humanas y conyugales que rara vez
suelen presentarse con realismo, y menos aún en tiempo real, en la gran
pantalla. En esta ocasión Akerman se decanta por la ficción y el trasfondo
literario (Proust, Barnes, Colette, Wittig…) pero mantiene algunas
premisas reflexivas sobre el placer-displacer del cine clásico y moderno, de
ver y no ver y de la posición de las mujeres como objetos y sujetos en
espacios abiertos y cerrados, en construcción o semiderruídos, domésticos y sin
domesticar. Un espacio que volveremos a encontrar en su última comedia
dramática sobre la desintegración de una casa y un matrimonio “Demain on
déménage”, sin estrenar en carteleras españolas,.
Junto a la sombra de Alfred
Hitchcock, la de Marcel Proust (“La prisonière”)
planea sobre “La captive”, un filme cadencioso y contemplativo,
una obra “de cámara” en que la autora reflexiona sobre la pareja, el
amor, el sexo y sobre el cine mismo buscando, de nuevo, desconcertar al
público. Estamos, pues, ante una obra que, al margen de sus influencias
literarias y cinematográficas, entra plenamente en el universo de una autora,
Chantal Akerman, que ha alternado el cine experimental, el político, la
reivindicación de la condición de mujer -aquí convertida en muñeca,
fetiche y finalmente en suicida- y la reflexión colectiva o individual sobre la
identidad geopolítica europea y sus cambios. Incluso ha hecho alguna
incursión en el cine comercial (“Un romance en Nueva York”, una discreta
comedia romántica protagonizada por Juliette Binoche y William Hurt).
“La
captive”, filme de ficción que se desarrolla con elegante y
deliberada parsimonia ante el espectador, con un ritmo contemplativo y
con claros referentes literarios y resonancias de clásicos del
cine, no escapa a esta rareza que casi nunca busca la complacencia del
público, sino más bien su máxima incomodidad. Una de las secuencias más
irónicas y a la vez estremecedoras de un filme de sabor decimonónico, aunque
ambientado en la actualidad, es aquella en la que Simon interroga a una
pareja de lesbianas intentando entender qué es lo que encuentran en una mujer
que no exista en un hombre. Y una de las más hermosas es aquella en la que
Ariane, que permanece casi todo el día en la cama, sale al balcón para dar la
réplica vocal a una vecina que se arranca a cantar un aria de ópera, ante la
mirada perpleja de Simon en la calle. Su cautiva tiene vida propia. La
musicalidad de las voces femeninas es una constante en el cine irónico y
trasgresor de esta mujer belga fascinada por las calles de París y los secretos
que esconden sus casas, sus parejas, sus palacetes, sus barrios.
Akerman
no resuelve el misterio y todo el filme tiene ecos del Hitchcock romántico, con
esa banda sonora que alterna la música clásica y la imitación de los acordes
evanescentes de Bernard Hermman, o la atmósfera de las novelas francesas
de amour fou, no eludiendo la cursilería, aunque siempre con el toque de
una mirada corrosiva que, sabiéndose de algún modo domesticada por los
sistemas de representación imperantes, se resiste a permanecer en
silencio
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